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El cambio institucional de Monarquía a
República, en 1931, trajo como consecuencia el cambio
asimismo de siglas en la compañía aérea
nacional, que pasó a denominarse L. A. P. E., esto es,
líneas aéreas Postales Españolas. Unos
interesantes datos estadísticos del año 1932 nos
dicen que en las dos líneas mantenidas sin solución
de continuidad durante los doce meses, que fueron Madrid-Barcelona
y Madrid-Sevilla, se consiguió un coeficiente de regularidad
del 93 y del 89 por 100, respectivamente, habiéndose
recorrido 609.800 kilómetros en cuatro mil ochenta y
seis horas de vuelo, con un promedio de 150 kilómetros
por hora de velocidad comercial, que responde a una media efectiva
de 160. Hay algo mas que un prurito de precisión documental
en la exhumación de estas cifras; hay, en realidad, el
deseo de fijar unos hitos en este camino retrospectivo al que
hemos conducido al lector, que den idea de la gran distancia
salvada en muy poco tiempo. El número de pasajeros transportados
fue de 6.386, de los |
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cuales 4.890 pagaron su billete y 1.496 tomaron asiento gratuitamente.
Entonces el avión iba a la búsqueda afanosa del
cliente, al revés de lo que ocurre ahora, que es el hombre
el que muchas veces no sabe qué hacer para encontrar plaza
en un avión.
Los siete trimotores de la flota aérea nacional, con capacidad
para diez pasajeros cada uno, reciben en 1935 el refuerzo de los
primeros bimotores Douglas que llegan a Europa. En su confortable
cabina insonorizada, 14 pasajeros podían viajar a más
de 250 kilómetros por hora. Los veteranos Fokker hacen
su máximo esfuerzo inaugurando en el mes de mayo la línea
a Canarias. Con los veloces Douglas se abren nuevas perspectivas
a la expansión aérea internacional. Todavía
recordamos la emoción con que la prensa de la época
hablaba de que el viaje a la ciudad del Sena no era cosa ya mas
que de unas cuatro horas... Pero a los pocos meses surgió
el Movimiento nacional. España tuvo que aplazar la solución
de muchos problemas para resolver con toda urgencia, a vida o
muerte, el de su propia salvación.
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EN LA PAZ RENACIDA
La Cruzada española anticomunista se enlazó, por decirlo
así, con la segunda guerra mundial, y por esta causa hay un
largo paréntesis de letargo forzoso para la aviación
mercante. Sin embargo, estos años no se perdieron para España,
cuya posición clave en las rutas del Nuevo Mundo comienza a
cobrar mas acusado relieve en el mismo momento en que la máquina
volante, tras el impulso técnico ganado en la experiencia bélica,
alcanza el punto justo de madurez que la habilita para los grandes
servicios transoceánicos. Pocos años atrás se
llegó a decir: “Una de las riquezas de España
es su espacio aéreo. El vuelo sobre su territorio es cómodo,
mas bien obligado, para la navegación aérea entre Europa,
África Occidental y las Américas. En estas condiciones,
España no debía firmar acuerdos aeronáuticos
internacionales sobre la base de una reciprocidad de derechos, puesto
que ningún país puede ofrecerle ventajas equivalentes
a las que ella concede y aun mucho menos someterse a un régimen
internacional bajo el cual tuviese que renunciar deliberadamente a
todas esas ventajas que le aseguran su situación geográfica
y su clima excepcional, sin una conveniente indemnización...”
Ha llegado el instante en que todo esto tiene una cotización
efectiva e inmediata; pero como nunca se pensó en el aprovechamiento
egoísta de estos privilegios naturales, los técnicos
hispanos, para cumplir adecuadamente su misión, organizan una
buena red de aeropuertos, de los cuales tres tienen categoría
de transoceánicos, en Madrid, Barcelona y Sevilla, que se abren
al trafico universal. España era por entonces, y lo fue durante
bastante tiempo, la nación proscrita, olvidada. Nadie habla
de ella, salvo las honrosas excepciones conocidas, sino para vilipendiarla:
unos por mala fe y otros por error de información. Sin embargo,
a sus magníficas pistas acuden muy pronto aviones de todos
los países. En febrero de 1946 llega la K. L. M. holandesa;
en mayo, la T. W. A, norteamericana; en junio, la A. B. A., escandinava,
y en septiembre, la T. A. P., portuguesa. Al año siguiente
vienen, en abril, la P. A. L., filipina, y en junio, la Pan American
Airways, norteamericana. En 1948 establecen su comunicación
aérea: la L. A. I., italiana; Aerovías Guest, mexicana;
Panair do Brasil; Compañía Cubana de Aviación;
S. A. B. E. N. A., belga; Aerolíneas Argentinas y Air France.
En julio de 1951 aterriza la colombiana Avianca y el pasado año
la venezolana L. A. V. El más reciente visitante de Barajas
es la empresa franco-marroquí Air Atlas-Air Maroc. «A
Madrid, tanto tiempo aborrecido, le salen enamorados... » Escribió
la revista suiza Interavia con sobrada razón.
Si en algún momento puede estar justificada la interpolación
de unas cifras estadísticas, creemos que es en este, como demostración
la más expresiva del auge extraordinario de tráfico
registrado en los aeropuertos españoles en el último
decenio: |
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Hemos de añadir que del promedio de 3.015
aviones mensuales entrados en los aeropuertos hispanos el último
ano, 570 son extranjeros. El año anterior, del promedio mensual
de 2.378 aparatos, 394 fueron extranjeros. Por la intensidad de
su tráfico, Barajas ocupa el primer puesto, seguido por Muntadas
(Barcelona), Son Bonet (Mallorca), San Pablo (Sevilla), Gando (Canarias)
y Manises (Valencia).
A este extraordinario movimiento de aeroplanos, pasajeros y carga,
ha prestado una contribución considerable la actuación
de las dos empresas comerciales españolas: Iberia y Aviaco.
La primera, con una flota de 26 aviones, entre los que sobresalen
seis tetramotores Douglas DC-4, utilizados en sus líneas
intercontinentales, cubre una red de 53.993 kilómetros, que
figura entre las diez más importantes del mundo. En 1953
transportó 478.000 pasajeros, realizando un recorrido total
de once millones y medio de kilómetros. La compañía
ha adquirido recientemente tres Lockheed Super-Constellation en
los Estados Unidos, cuya entrada en servicio será un acontecimiento
en las líneas entre España y América por su
gran velocidad—más de 500 kilómetros por hora—,
capacidad de transporte y exquisito confort.
La otra empresa, cuyo nombre oficial de Aviación y Comercio
ha encontrado en la contracción Aviaco denominación
común más popularizada, ha hecho con su flota de ocho
bimotores Bristol y tres tetramotores Bloch un recorrido total de
2.407.219 kilómetros, llevando 171.294 pasajeros. Su red,
que se ciñó en principio al territorio nacional, cubre
ya 10.827 kilómetros, tocando en varios puntos de Europa
y África.
TARDE DE SABADO EN BARAJAS
Lo que la prosa fría de un reportaje apenas pueda sugerir,
lo revelaría vividamente al curioso lector una tarde de asueto
en las terrazas del aeropuerto de Barajas. Nunca los hechos e ideas
recogidos en estas cuartillas nos parecieron tan vigorosos y ciertos—a
nosotros, llenos de prejuicios favorables—como cuando decidimos
«perder» una tarde de sábado entre el zumbido
de los motores, fatigados por miles de kilómetros de veloz
carrera a través del espacio inmenso, y las constantes llamadas
de los altavoces requiriendo a unos u otros pasajeros para la subida
al avión o el acomodamiento en el ómnibus que los
conducirá a la capital. Con quizá excesivo rigor informativo,
quisimos llevar por nuestra propia cuenta las salidas y entradas
registradas después de almorzar, en poco mas de tres horas,
y en nuestro carnet de notas dejamos puntualmente consignado el
aterrizaje de aparatos procedentes de Santiago de Compostela, Ámsterdam
(por Niza), Sevilla, Barcelona (tres), Bilbao, Paris, Lisboa, Bogotá,
Tetuán, Estocolmo (por Francfort) y Ginebra, al paso que
contemplábamos la partida de otros tantos rumbo a Buenos
Aires, Lisboa (dos), Nueva York, Gibraltar, Bilbao, Londres, Paris
(dos), Palma de Mallorca, Barcelona. Tánger, Sevilla... Ocho
banderas distintas, perfectamente armonizadas en una misma tarea
del más alto valor humano, cruzaron sus pliegues sobre la
meseta castellana, este nudo fundamental de comunicaciones aéreas,
envuelta siempre en luminosas transparencias, donde ni un solo día—según
creemos—cerró el pasado año la niebla el tráfico.
Mas que hablar del actual aeropuerto de Barajas, cuyas instalaciones
han quedado ampliamente desbordadas por el volumen de tráfico
alcanzado últimamente, queremos decir que muy en breve dispondrá
el primer aeropuerto español de una estación de viajeros
digna de su excepcional importancia. Entiéndase bien que
no nos referimos para nada al conjunto de sus pistas y servicios
de infraestructura, que están a la altura de los mejores
del mundo. Insistimos en que se trata de los nuevos edificios destinados
a recoger y canalizar de manera confortable, rápida y eficiente,
el movimiento de embarque y desembarque de los pasajeros,
Las dos fotografías que reproducimos de la maqueta del proyecto
son buen exponente de su belleza arquitectónica. A tono con
ella esta el sentido funcional que presidio el diseño. Pero
a fin de que nadie suponga equivocadamente que nos encontramos tan
solo ante una magnífica idea en embrión, nos apresuramos
a aclarar que las obras de hormigonado del edificio numero 1, cuyas
superficies miden 10.845 m2, se concluyeron el día 10 de
diciembre último, y las del edificio numero 2—torre
de mando—, de nueve plantas, con una superficie total de 7.125
m2, llegaron a su termino el día 14 de mayo de este año.
Como un índice de la magnitud de estas construcciones, tenemos
las cifras de 3.482 toneladas de cemento Portland y 976.806 kilos
de acero invertidos en tales estructuras.
¿Hay demasiado calor subjetivo en nuestro reportaje? Honradamente
creemos que no. Hemos pretendido reflejar, simplemente, una realidad
demasiado evidente para ser desconocida y que se refuerza con las
siguientes breves pero elocuentes frases finales, que no son nuestras:
«E1 hemisferio que tiene como polo a Madrid encierra el 94
por 100 de la población de la tierra y el 98 por 100 de la
actividad industrial. El hemisferio antípoda tiene tan solo
el 6 y el 2 por 100, respectivamente.» No era, pues, nada
pretencioso aquel slogan publicitario que hace algún tiempo
puso en latín impecable la sentencia que proclama a Madrid
centro del mundo aéreo de nuestro tiempo: Quod finis ferrae
fuit Orbis centrum hodie est.
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