Madrid, encrucijada de las comunicaciones aéreas mundiales

Artículo publicado en la revista "Mundo Hispánico" en ocasión de la construcción de la actual terminal 1.
Por: Felipe Ezquerra

 

Como las instalaciones actuales de Barajas han sido rebasadas por las exigencias de un tráfico que ha sobrepasado sus posibilidades, a marchas forzadas avanza la construcción de los nuevos edificios, que ofrecerán en un futuro muy próximo esta bella impresión de conjunto al pasajero de otras latitudes que llegue por el aire.

 
El avión, poderoso instrumento que el siglo XX ha puesto en manos del hombre, tiene un doble valor tremendamente contradictorio, que pesa de modo decisivo en la vida de nuestros días. Si por un lado ha sido capaz de construir un mundo prodigioso, en el que se ha desvanecido el concepto de las distancias, convirtiéndonos prácticamente en habitantes de un continente único, sin barreras orográficas ni oceánicas, por otro lado se yergue en pavorosa amenaza en el caso posible de un conflicto armado, porque su fantástica libertad de movimientos, con la complicidad de los modernos elementos de destrucción, deja a su arbitrio el aniquilamiento total de ese mismo mundo creado por él sobre el sagrado deposito de cultura y progreso que nos legó el esfuerzo de muchas generaciones.
Recordando lo ocurrido en la última guerra y considerando los avances logrados después en el campo de la investigación nuclear, no puede parecer exagerada esta última impresión pesimista. Todos estamos convencidos de que una nueva conflagración sería la más espantosa catástrofe para la humanidad. Pero, gracias a Dios, todavía este es un supuesto incierto, que nos permite fijar por hoy la atención sobre el otro polo, de signo positivo, de la ambivalente condición del aeroplano: su condición de medio de transporte.
Desde este punto de vista hemos de decir que la privilegiada posición geográfica de la Península Ibérica no solo no ha perdido un ápice de su histórico valor de avanzada de Europa hacia las tierras que invento la genial aventura colombina, sino que se ha reforzado hasta tal extremo, que en la actualidad puede considerársela como una de las encrucijadas aéreas fundamentales del globo, en donde Madrid luce como verdadero aeropuerto terminal del Viejo Continente, escala obligada para el salto en dirección a África y América.
Esta misión trascendental de la Península aparece ya intuida en la época heróica de la aviación por los grandes vuelos que españoles y portugueses—esforzados navegantes en el aire como en el mar—supieron llevar a felíz término, con extraordinaria brillantez, hace un cuarto de siglo. Franco y Ruiz de Alda, Coutinho y Cabral, Jiménez e Iglesias, Barberán y Collar, sentaron las bases de las actuales líneas trasatlánticas, y para juzgar el mérito de sus hazañas no existe mayor ni mas exacta medida que ese violento contraste que ofrecen las modernas aeronaves de pasajeros, grandes, sólidas, veloces y dotadas de multitud de instrumentos de precisión a bordo, con la fragilidad suma de los pequeños y lentos aparatos utilizados por ellos, sin las ayudas exteriores — meteorológicas, radiotelegráficas, etc. — con que ahora se cuenta.
NACIMIENTO Y EVOLUCION DE LA AVIACION COMERCIAL ESPAÑOLA

Dejando aparte la labor roturadora de precursores y adelantados, vamos a llegar hasta el momento actual, siguiendo el origen y evolución de la aviación comercial en España, resumido en cuatro trazos. Es indudable que su incorporación al movimiento aéreo incipiente se hizo de modo bien rápido: que España es uno de los países que posee líneas aéreas más antiguas.
En efecto, se considera que el primer servicio de pasajeros se efectuó el 5 de febrero de 1919 por un avión alemánentre las ciudades de Berlín, Leipzig y Weimar.

Pues bien: dos años después empezó a funcionar la línea regular entre Sevilla y Larache, atendida por biplanos militares Havilland—con capacidad máxima para tres personas—, adquiridos a bajo precio de los sobrantes de guerra. Y con ellos se mantuvo durante ocho años, por encima del estrecho de Gibraltar, la comunicación entre la Península y el Protectorado en condiciones de rendimiento realmente excepcionales para la época. La entidad explotadora se llamaba Compañía Española de Tráfico aéreo (C. E. T. A.), y puede ufanarse de haber establecido el mas viejo servicio intercontinental, siquiera este no tuviese más que una longitud de 250 kilómetros.
Poco después de ella nacía la Unión Aérea Española, de la que cabe recordar dos hechos principales: la importación del primer tipo de aeroplano genuinamente comercial construido en el universo: el Junkers F-13, modelo que dejó de su paso profunda huella, y el ha¬ber asomado a las alas españolas por primera vez mas allá de las fronteras nacionales con la línea Madrid-Lisboa, que inauguró y mantuvo durante cierto tiempo. El 14 de diciembre de 1927 inicia su actuación otra empresa, con el mismo nombre actual y prestigioso de Iberia, uniendo Madrid con Barcelona en tres horas y media. También la efemérides es digna de subrayarse, porque el enlace aéreo entre ambas capitales estaba llamado a ser la línea de mayor tráfico dentro de la red de comunicaciones interior.
Se suman y recogen los servicios dispersos en la Concesionaria de líneas aéreas Subvencionadas, S. A. (C. L. A. S. S. A.), creada por el Gobierno del general Primo de Rivera, y es en esta etapa cuando Madrid y Paris establecen su inicial contacto aéreo con carácter esporádico, al socaire de las condiciones climatologicas favorables de los meses estivales.
Son los tiempos del celebre trimotor Fokker, abanderado en España, como lo era—incluso en los Estados Unidos—por la inmensa mayoría de naciones del mundo; avión que vino a redondear la fama que el ingeniero holandés de este nombre había ganado construyendo aparatos de caza para la aviación del Káiser.